
La filosofía política está en un ínterin. No sabemos hacia dónde irán sus debates, pero tenemos la certeza de que mucho de lo que hasta ayer era vigente hoy ha pasado a ser objeto de estudio para la historia de la disciplina. Desde luego, no parece muy aventurado dar por finiquitada a la corriente neogramsciana de Ernesto Laclau y otros. Está claro que los juegos de poder, la hegemonía y el control propagandístico no valen para nada si, cuando llegas al gobierno, eres un político mediocre y demagogo. Ni un géiser de "significantes vacíos" puede tapar la ineptitud para la gestión pública.
Lo que sí sería complicado es saber hacia dónde irán ahora estas disquisiciones. Viendo los visos que está tomando la situación, bien podría suceder que algunos autores no especialmente famosos pasen a tener un nuevo protagonismo. Si la política se convierte en "una dialéctica de lucha entre Estados", por decirlo con palabras de Gustavo Bueno, y se trata de resistir desde el Estado-nación, Enrique Dussel, recientemente fallecido, podría convertirse en una referencia.