28.4.24

Discurso de los métodos de la filosofía y la fenomenología realista, de Josef Seifert


Un método que se devora a sí mismo
Con la obra de René Girard aprendemos muchas cosas. Una de ellas es que la ciencia política es un tanto superficial, porque antes de la política está lo prepolítico, que es lo verdaderamente decisivo. Por ello, no tenemos tanto que enfrascarnos en estomagantes debates sobre liberalismo o socialdemocracia, monarquía o república, sino remitirnos a los mecanismos sociales previos a toda formulación teórica y definir qué mueve a los hombres a comportarse de una manera determinada. Elaborar una sesuda argumentación en defensa de un sistema político sin nociones prepolíticas previas sería, dicho en plan mundano, construir la casa por el tejado.

Nosotros creemos que con la filosofía pasa lo mismo: antes de la filosofía está la prefilosofía. Es importante discernir si una propuesta filosófica es acertada o no, aunque, en una disciplina no falsable como ésta, a menudo la conclusión depende más de la capacidad retórica del ponente o de la decisión de quien tenga mando en plaza. Pero también tenemos que ir más allá y entender qué motiva a un filósofo, por qué surge una filosofía en un momento y lugar determinado, qué mecanismos miméticos—en sentido girardiano—hacen que los filósofos acaten una filosofía y no otra tal vez más elaborada, y qué estructuras del poder político, académico o editorial privilegian unas filosofías y opacan otras igualmente sugestivas.

21.4.24

La luz que se apaga, de Ivan Krastev y Stephen Holmes


Francis Fukuyama publicó El fin de la historia y el último hombre en 1992, y vapulearle por ello se convirtió en una expresión de decoro intelectual. Hoy, sin embargo, lo vemos como un libro brillante que encapsuló su tiempo en conceptos, tal como lo exigía Hegel. Que ahora sus planteamientos hagan aguas por todas partes, lejos de ser motivo de regocijo, provoca zozobra y nos demuestra que vivimos en tiempos inquietantes, pues no olvidemos que Fukuyama era esperanzador y veía a la democracia liberal como definitivamente triunfante tras el colapso de la URSS. De hecho, otro libro de por aquél entonces —más beligerante y mucho menos optimista— parece haber profetizado con mayor tino El choque de civilizaciones de Samuel Huntington.

Ambos libros aparecen profusamente referenciados en La luz que se apaga, obra escrita a cuatro manos por el búlgaro Ivan Krastev y el estadounidense Stephen Holmes, que ostenta el sugestivo subtítulo “Cómo Occidente ganó la Guerra Fría pero perdió la paz”. Su ámbito de estudio se encuadra dentro de la cada vez más extensa bibliografía sobre el post-liberalismo, al que parece que estamos inevitablemente abocados, y que en la academia anglosajona ya se ha convertido en el principal tema de preocupación de la filosofía política.

14.4.24

Identidad. La demanda de dignidad y las políticas del resentimiento, de Francis Fukuyama


Hace un par de años apareció en la editorial Deusto Identidad. La demanda de dignidad y las políticas del resentimiento de Francis Fukuyama. Este libro es, en realidad, una breve revisión de una de las partes más interesantes de una obra anterior, más densa y conocida, El fin de la Historia y el último hombre (1992), obra que, desde su publicación, fue injustamente vapuleada —como explica el propio autor en la introducción de Identidad— porque nadie se tomó la molestia de leer más allá del título.

Da un poco de vergüenza tener que explicar hoy a sus críticos que, cuando Fukuyama hablaba del fin de la historia, no quería decir, evidentemente, que tras el derrumbe de la Unión Soviética dejaran de ocurrir hechos, sino que la “Historia” —así con mayúsculas, en sentido hegeliano—, entendida como el conjunto de grandes combates dialécticos, catálogos de ideologías y fases del desarrollo humano, había llegado a su fin, puesto que la democracia liberal se había consolidado como el único sistema legítimo para Occidente. Su error —que él mismo reconoce— fue creer que la democracia liberal no tenía marcha atrás y que la globalización acabaría democratizando a todos los países, cuando es evidente que nada de esto tiene por qué ser así.

7.4.24

El mundo interior del capital. Para una filosofía de la globalización, de Peter Sloterdijk

Peter Sloterdijk (1947) es un filósofo alemán leído y afamado, tal vez uno de los más célebres de la actualidad. Adquirió cierta resonancia mediática a raíz de su polémica con Jürgen Habermas sobre el tema de la selección genética entre humanos. Sloterdijk era partidario de suavizar el piloto automático con el que en Europa se rechaza sistemáticamente todo lo que pueda asemejarse a los postulados eugenésicos y defendió la intervención científica para originar nuevos seres humanos sin enfermedades ni taras genéticas. Habermas, un teórico frankfurtiano epígono de cierta moralidad entre ilustrada y marxista, se oponía a ello con ahínco.

Su gran obra, sin embargo, es su serie de las Esferas, que desde luego no es una lectura para profanos. Se trata nada menos que de un intento por repensar filosóficamente el mundo actual.

Sloterdijk es un autor refractario a ser sintetizado en alguna frase o fórmula. Es creador habitual de nuevos términos y muy alegórico, casi críptico como un oráculo. Por supuesto, cuando finalmente conseguimos destilar algo de lo que ha expuesto, nos damos cuenta de que podría haberlo dicho más claramente porque tampoco era gran cosa. Aunque sin esta dificultad añadida a su comprensión, que solo personas con formación académica pueden superar, estos intelectuales europeos perderían el nimbo chic de “consumo ostensible” para burgueses bohemios.