28.12.24

Dos libros de Eduardo Tijeras, el escritor olvidado

Eduardo Tijeras es un misterio. Todo lo que sabemos de él proviene de un obituario en una web de empleados de los ferrocarriles. Apenas hay más datos en fuentes oficiales. Nació en Morón de la Frontera en 1931 y, de joven, se trasladó a Madrid como empleado de Renfe. Su nombre aparece fugazmente en alguna crónica de Francisco Umbral, que lo describe como parroquiano del Café Gijón o asistente ocasional a eventos diletantes. Escribió muchísimo, pero sus libros, por supuesto, están descatalogados. Sin embargo, se encuentran por docenas en tiendas de segunda mano, en múltiples títulos y ejemplares, lo que sugiere que, en algún momento, disfrutó de cierta gloria (suficiente como para publicar profusamente y ser mencionado por Umbral). García Viñó lo reivindica en su canon de la literatura española del siglo XX y lo ubica dentro del existencialismo católico. Murió hace tres años, sin hacer ruido.
Varios de sus libros que hemos leído son formidables. Nos centraremos en dos: Acerca de la felicidad y la muerte, un sólido ensayo sobre las filosofías de la existencia, y El estupor del suicidio, un estudio definitivo sobre este desasosegante tema.

21.12.24

El libro de Cartago, de Juan Eduardo Cirlot

"La sombra de Cartago ha sollozado así para que los hombres tuviesen conocimiento de la posibilidad de ese exterminio total.
Cartago es el océano; aparición tan sólo, nube solamente."
El libro de Cartago, Juan Eduardo Cirlot

De Cartago recordamos que estaba en el norte de África, que luchó contra Roma en las guerras púnicas y que uno de sus generales más célebres, Aníbal, atravesó los Alpes con un ejército en el que había elefantes. Pero finalmente fue derrotado por Escipión el Africano y, al verse vencido, se suicidó. Años después, los romanos arrasaron la ciudad y esparcieron sal sobre sus ruinas para que nunca más creciera nada allí.

Sin embargo, más allá de estos hechos, se sabe poco sobre Cartago. Los romanos no solo destruyeron la ciudad, sino también toda la memoria que había de ella. Y, como suele ocurrir, este olvido la ha convertido en un símbolo. 

Para el poeta Juan Eduardo Cirlot, por ejemplo, en El libro de Cartago, la ciudad representa toda existencia aniquilada. En su obra poética, Cartago reaparece encarnada en una mujer de tez morena que le recrimina a Cirlot ser hijo de Roma, la gran exterminadora.

14.12.24

Manuel García Viñó, malbaratado


El escritor Manuel García Viñó (1928-2013) adquirió cierta notoriedad mediática cuando propinó un puñetazo al también escritor Vicente Molina Foix tras un acalorado debate en el programa Negro sobre blanco. Como suele ocurrir en estos casos, la anécdota caricaturiza al personaje, y para muchos, Viñó es solo el hombre del puñetazo, en detrimento de una obra que, más allá del escándalo, tiene un interés indiscutible.

Autor de más de cincuenta libros, García Viñó lideró La Fiera Literaria, una publicación itinerante que desmantelaba sin piedad a los grandes nombres de la novela española contemporánea. Sin embargo, ni él es hoy especialmente valorado ni La Fiera le ha sobrevivido; su legado ha quedado reducido a una web perdida en el ciberespacio. Este silencio tiene explicaciones obvias en lo político y lo económico: alguien tan a contracorriente difícilmente tendría acceso a los grandes canales de difusión. Pero también es posible que su ineptitud social facilitara las cosas a sus adversarios.

7.12.24

Contra la democracia, de Jason Brennan


Hay libros que, sin ser especialmente buenos, conectan con lo que se murmura en las calles. Contra la democracia, del norteamericano Jason Brennan, es un ejemplo de esto. Escrito antes del primer triunfo de Trump o del Brexit, pero con la sensación de que algo llevaba tiempo funcionando mal en los sistemas democráticos, estos resultados electorales inesperados lo convirtieron en un fenómeno sociológico en los países anglosajones. También se ha publicado en España.

El libro carece de argumentos sólidos y de una bibliografía potente; tiene algo de panfleto que, en realidad, no se toma demasiado en serio a sí mismo. Sin embargo, es desafiante y cuestiona muchos lugares comunes ideológicos. Sabe cómo ser polémico, aunque menos de lo que esperaba su autor, que confiesa en el prólogo que, cinco años antes, su obra no habría despertado interés.

30.11.24

Elogio del olvido, de David Rieff

"Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo". La célebre sentencia de George Santayana encabeza la contraportada de la edición española de Elogio del olvido, de David Rieff. No podría estar mejor elegida. A primera vista, parece una idea indiscutible, sensata y humanista: recordar las barbaridades del pasado para no repetirlas. Sin embargo, también encierra un reverso inquietante: los recuerdos colectivos no existen como tales, sino que son constructos sociales.

La memoria, por definición, es subjetiva y personal. Convertirla en un relato colectivo implica asumir una narrativa de poder interesada. O dicho de otro modo: si no lo hemos vivido en carne propia, significa que nos lo han contado y, por lo tanto, hay que sospechar. El pasado puede ser, muchas veces, una mentira interesada.

23.11.24

De cero a uno, de Peter Thiel

 

Quien tenga algo de conocimiento sobre política estadounidense encontrará bastante decepcionante los análisis que hace la prensa española de la victoria de Trump. Dicho francamente, unos profesionales que cobran por informar tendrían que ser capaces de ir un poco más allá de la monserga de que es un fascista que recurre a las fake news, o el absurdo ése de que el pueblo americano no está listo para votar a una mujer de color. Algunos medios de comunicación en lengua inglesa empero están sacando muchos artículos y reportajes explicando de manera admirablemente ponderada lo que ha sucedido, que es ciertamente complejo y poco susceptible de simplificaciones infantiloides.   

Lo cierto es que los republicanos han ido a las elecciones con un mensaje claro e ilusionante, mientras que los demócratas no tenían ninguna propuesta viable y se han limitado a pontificar que ellos eran moralmente superiores que el aprendiz de dictador gordo y con el pelo naranja. Los primeros hablaban desde la sufriente realidad cotidiana y los segundos desde la elitista ideología progresista de las clases altas.

 

10.11.24

El tiempo de una vida, de Juan José Sebreli


Juan José Sebreli falleció a principios de este mes. Al enterarme, me lancé a releer su autobiografía, El tiempo de una vida, publicada en 2005.

No es un libro solo apto para quienes lo veneramos como pensador. De hecho, hay poca divagación filosófica. Es, más bien, la historia de una vida, un tiempo y un país, además de estar magníficamente escrito. Sebreli comienza narrando su infancia en Buenos Aires, en una familia hispano-italiana de inmigrantes, pero sin poetizar el tema. Como buen sartriano, rechaza la idea de los orígenes y se niega a considerarse parte de una genealogía. Luego, habla de su adolescencia y del descubrimiento de su homosexualidad, de sus años de formación existencialista y del nacimiento de su conciencia política: primero como peronista, luego —y definitivamente— como enemigo de cualquier forma de populismo.

2.11.24

Por qué fracasan los países, de Daron Acemoglu y James A. Robinson


Cuenta el imprescindible historiador Tuñón de Lara que las oligarquías latifundistas españolas del siglo XIX se opusieron a la industrialización bajo el lema: “o el petróleo o nosotros”. Maliciaban que seguirían siendo los reyes del mambo mientras la sociedad española permaneciera subdesarrollada y analfabeta. En el momento en que aparecieran los trenes, las fábricas y las ciudades, pasarían a ser un mero estorbo con vestidos caros. (Sus predicciones, como sabemos, fueron acertadas).

Hoy, nuestra casta actúa de manera similar. En los últimos cuarenta años, España ha vivido sucesos trágicos, pero ningún problema realmente desestabilizador. No había impedimentos para haber creado emporios tecnológicos, fomentado la cohesión social, diluido las tensiones regionales en aras de una integración supranacional, mejorado la educación y fortalecido los medios de comunicación. Pero no: nuestras élites eligieron rompernos como sociedad y forzar a nuestros mejores jóvenes a emigrar.

26.10.24

Ética para máquinas, de José Ignacio Latorre


La filosofía se ha perdido en disquisiciones lingüísticas y en la conceptualización de lo inobservable; es decir, se ha convertido en mera jerigonza autoreferencial. El star system de autores prestigiosos resulta bastante insufrible y aporta poco al conocimiento de la realidad del mundo. Mientras tanto, las computadoras se comunican entre sí desarrollando un lenguaje propio e inaccesible para los humanos, pero en las facultades de filosofía lo prioritario sigue siendo debatir sobre cuánto idealismo hay en la fenomenología de Husserl o si el último Foucault era un malvado neoliberal.

Sin embargo, existen corrientes marginales dentro de la academia —afortunadamente, con ocasional repercusión en los medios mayoritarios— que sí abordan temas cruciales.

Por ejemplo, algunos pensadores reflexionan sobre la tecnología y aportan ideas de gran profundidad. Lo hacen, claro, evitando el cul-de-sac intelectual impuesto por el mediocre de Heidegger, con sus hilarantes chascarrillos sobre un martillo, y prefieren dialogar con autores de mayor enjundia, como Lewis Mumford o Hans Jonas.

20.10.24

En búsqueda del sentido, de Enrique Dussel

La filosofía política está en un ínterin. No sabemos hacia dónde irán sus debates, pero tenemos la certeza de que mucho de lo que hasta ayer era vigente hoy ha pasado a ser objeto de estudio para la historia de la disciplina. Desde luego, no parece muy aventurado dar por finiquitada a la corriente neogramsciana de Ernesto Laclau y otros. Está claro que los juegos de poder, la hegemonía y el control propagandístico no valen para nada si, cuando llegas al gobierno, eres un político mediocre y demagogo. Ni un géiser de "significantes vacíos" puede tapar la ineptitud para la gestión pública.

Lo que sí sería complicado es saber hacia dónde irán ahora estas disquisiciones. Viendo los visos que está tomando la situación, bien podría suceder que algunos autores no especialmente famosos pasen a tener un nuevo protagonismo. Si la política se convierte en "una dialéctica de lucha entre Estados", por decirlo con palabras de Gustavo Bueno, y se trata de resistir desde el Estado-nación, Enrique Dussel, recientemente fallecido, podría convertirse en una referencia.

12.10.24

James Burnham contra las élites gerenciales


James Burnham (1905-1987) es uno de los grandes teóricos del conservadurismo nacional estadounidense. Fue un profesor de filosofía de la Universidad de Nueva York que empezó siendo un joven militante socialista, muy activo políticamente y amigo de Trosky, y acabó siendo el más acérrimo anticomunista del muy anticomunista Departamento de Estado de los Estados Unidos. Sale retratado extensamente en el libro La CIA y la guerra fría cultural de Frances Stonor Saunders. Allí se nos cuenta que precisamente por haber estado adscrito al comunismo en su juventud conocía bien los puntos fuertes de esta ideología y planteaba combatirla con sus mismos medios, construyendo una propaganda tan briosa o más que la soviética para vencer en un enfrentamiento que además de militar era también cultural. Fue fundamental en la estrategia estadounidense en la Guerra Fría y a él se le debe que la CIA se metiera a medrar en las universidades, el cine, el arte y demás medios de difusión cultural (el libro de Saunders, que es bastante recomendable, cuenta todo esto muy bien).

29.9.24

Sigmaringa contra Savater

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Zizek dice en Acontecimiento que la filosofía de hoy se parece a los últimos funcionarios de Vichy refugiados en el castillo de Sigmaringa, al sur de Alemania, poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Completamente derrotados e ignorados por todo el mundo, estos burócratas se dedicaban a escribir compulsivamente proclamas y decretos administrativos, suponiendo que tantos papelajos les iban a devolver un poder que ya habían perdido definitivamente. Zizek sostiene que los filósofos también actúan de esa manera: publican y publican teorías irrelevantes que a nadie le importan y pretenden así mantener una autoridad en la que ya solo creen ellos mismos.

Podríamos hablar, por ello, de "Filosofía Sigmaringa": una filosofía inútil, espectral, sin audiencia, autofágica, que además se cree importante; una filosofía que pretende reflejar la realidad en sus juegos lingüísticos cuando esta ya está muy por delante y mejor analizada por otras disciplinas.

21.9.24

Los Noventa, de Chuck Klosterman


Chuck Klosterman es uno de los pocos autores a los que guardo lealtad; creo que he leído todo lo que ha publicado, incluso lo que no está traducido. No es particularmente conocido en España. Si tuviera que explicarle a un lego qué tipo de cosas escribe este fulano, lo ejemplificaría así: Imagínate una fotografía en la que se ve a Lady Gaga, Elon Musk y Kim Jong-un sonrientes en un strip-club de Moldavia… Bien, pues Klosterman es el tipo que, tras ver esta estampa, escribiría un libro centrado en el bigote del camarero que aparece casi fuera de foco sirviéndoles la bebida.

Los noventa es su último libro publicado en nuestro país. Es de no ficción, como toda la obra del autor, pero esta vez no es una selección de artículos independientes, como suele ser habitual. Tampoco es una biografía, aunque tiene un componente biográfico. Es un ensayo unitario de más de cuatrocientas páginas que, como el título indica, nos sumerge en esa década que comenzó con la caída del Muro de Berlín en 1989 y terminó con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

15.9.24

El final de la aventura, de Antonio García Maldonado


No vivimos en los tiempos más felices; hay una grisura ambiental que aflige el ánimo. La posmodernidad ha cumplido su misión al servicio del capitalismo financiero y ha dejado un páramo de comunidades rotas e individualidades desesperanzadas. Las masas desdichadas se dejan arrastrar por el desierto de su cotidianeidad, tal vez anhelando un grito emancipador que las despierte.

Nuevos cultos emergen para llenar el vacío, pero resultan ineficaces. El movimiento woke, por ejemplo, hegemónico pero no mayoritario, otorga plenitud existencial a sectores importantes de la población, a quienes les basta sentirse identitariamente reconocidos por el poder sin necesidad de mejoras económicas. Sin embargo, son más quienes se consideran denigrados por este discurso que aquellos a quienes integra, lo que impide vertebrar la convivencia de todos. Al contrario, divide a la sociedad entre quienes viven en un mundo ideológico y quienes habitan el mundo real.

8.9.24

La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti


Paralelamente a los caminos reales, por donde transitan de siglo a siglo artefactos e ideas, hay secretas sendas por donde se deslizan en el tiempo los emisarios de agonías.
Nicolás Gómez Dávila

El corpus teórico del Nuevo Nihilismo -o también conocido como Realismo Especulativo- empezó a cristalizar en el año 2007 en la Universidad de Londres, a raíz de unas conferencias donde se defendía la necesidad de orillar intelectualmente, de una vez y para siempre, al humanismo y cualquier forma de antropocentrismo. Sus representantes (Eugene Thacker, Ray Brassier, Reza Negarestani…) son académicos bastante bien formados en la tradición filosófica, con amplios conocimientos de cultura mainstream y especial devoción por el género de terror, que consideran que es el ámbito de la ficción que mejor expresa el sinsentido de la existencia humana (H.P. Lovecraft y su concepción del “horror cósmico” el su referente más señero).

1.9.24

La mente naufragada, de Mark Lilla


Los libros de teoría política anglosajona tienen, por lo general, bastantes inconvenientes. Muchas veces no son más que páginas de relleno en torno a una idea potente, o incluso un tuit, y podrían haberse quedado en un breve artículo. Otras veces son demasiado circunstanciales y, en una semana, cuando caduca el trending topic que comentan, ya son inútiles. Pero, sobre todo, el principal problema de estas obras es que encontramos más conocimiento en una nota a pie de página de cualquier escrito de alguien como Dalmacio Negro, por ejemplo. La vida es corta y hay que priorizar las lecturas.

Así que no encarábamos la lectura de La mente naufragada. Reacción política y nostalgia moderna de Mark Lilla con mucho entusiasmo. Y, sin embargo, tenemos que reconocer que el libro tiene su miga, aunque no lo suficiente como para desordenarnos completamente los prejuicios.

25.8.24

Manifiesto redneck, de Jim Goad

Jim Goad (n. 1961) es un escritor norteamericano que no parece la mejor de las personas. Es más, si una décima parte de lo que se cuenta en su perfil de Wikipedia fuera cierto, podríamos calificarle sin miramientos como abyecta escoria humana. Pero lo que nos trae aquí no es su lamentable desempeño vital, sino su primer y potentísimo libro, Manifiesto Redneck.

Este libro-sismógrafo se publicó en Estados Unidos en 1997 y solo recientemente ha aparecido en nuestro idioma. Sin embargo, este lapso de tiempo nos permite comprobar cuánto del terremoto político que predecía se ha convertido en una realidad social innegable. Y si bien no somos estadounidenses, podemos aseverar que Goad acierta, al menos por lo que cuentan los noticieros. También damos fe de que es posible traducir muchos de sus vaticinios al devenir de nuestro propio país. A veces, este juego de espejos es útil, y vale la pena analizar lo que sucede en el vecindario de al lado para buscar similitudes y entender mejor lo que pasa en el nuestro.

18.8.24

Peter Thiel y La Derecha Tecnológica

wikimedia

Donald Trump anunció hace pocas semanas que J.D. Vance iba a ser su candidato a vicepresidente. Este senador por Ohio y autor de un libro de memorias de cierto éxito, Hillbilly, una elegía rural, no era particularmente conocido para el gran público, y los medios de comunicación oficialistas se han limitado a presentarle como un paleto machista y racista.

Vince es más bien un republicano católico que sirvió en el ejército estadounidense, y que políticamente se adscribe al conservadurismo nacional, que delinearemos a grandes rasgos como una corriente interna del conservadurismo opuesta al neoconservadurismo. El primero defiende un patriotismo aislacionista y un capitalismo vigilado para que no choque con los intereses nacionales. Los neocon, por el contrario, son partidarios del libre mercado como un fin en sí mismo y aspiran a una globalización tutelada por los Estados Unidos, manu militari si fuera preciso.

11.8.24

Philippe Muray, vocero de nuestro asco

Los que denuncian la esterilidad del reaccionario olvidan la noble función que ejerce la clara proclamación de nuestro asco.

                                    Nicolás Gómez Dávila

 

Hace algunos años, el diario Le Monde anunció un índice de herejes a excomulgar. Dedicándole la portada y varias páginas del interior, y con el aterrante título de "La llamada al orden. Encuesta sobre los nuevos reaccionarios", señaló a una serie de malvados escritores que desafiaban el canon progresista. Entre los conocidos en estos lares destacaban el filósofo Alain Finkielkraut, cuyo delito era sostener que los valores de la Ilustración no son negociables, y el novelista Michel Houellebecq, cuyos comentarios resultaban demasiado vitriólicos para oídos sensibles.

4.8.24

¡Crear o morir!, de Andrés Oppenheimer

Andrés Oppenheimer es un liberal iberoamericano, es decir, alguien que no se deja mecer por los vientos hegemónicos de la región. Trabaja como periodista en la rama hispana de CNN. También escribe libros, todos recomendables, claros y pedagógicos. El que hoy nos ocupa es ¡Crear o morir!, aunque muchas de las ideas que discutiremos también se aplican a otras de sus obras, como Basta de historias o Cuentos chinos.

El género al que pertenecen sus libros podría denominarse "apologética liberal". Consiste en explicar las virtudes del liberalismo a lectores supuestamente hostiles o incrédulos, confiando en que el peso de los argumentos les transforme súbitamente de colectivistas en individualistas, de populistas en ilustrados, de comunistas en defensores del libre mercado.

28.7.24

La guerra imaginaria, de Fernando Bonete Vizcaíno


La ciencia ficción es un género literario que rara vez suma puntos en las oposiciones a erudito. Se la considera infantil, poco profunda, y solo unos pocos escritores, como Philip K. Dick o J.G. Ballard, gozan de cierto reconocimiento académico, aunque siempre bajo la condición de que sean referencias secundarias dentro de un marco teórico más prestigioso. En una tertulia diletante puedes citar el contexto tecnológico de la soledad torturada de los personajes ballardianos, pero solo si es para ilustrar las reflexiones heideggerianas sobre la técnica. Es imprescindible dejar claro que Ballard es un accesorio, nunca la base de tu dieta intelectual.

Mencionar a Isaac Asimov en las élites intelectuales madrileñas, huelga decir, equivale a eructar en una recepción con los reyes. Nadie te lo recriminará directamente, fingirán que no ha pasado, pero notarás cómo poco a poco todos se alejan en silencio, incómodos.

21.7.24

¡Lo quiero!, de Luke Burgis


Paul Ricoeur predijo que René Girard sería tan importante para el siglo XXI como Marx o Freud lo fueron para el XX. Pero de momento no parece que su repercusión sea tan abrumadora como estos hitos señalados, y más que un acontecimiento intelectual que revierta súbitamente epistemologías, lo que vemos es una influencia gradual pero persistente que está permeando en los ámbitos más diversos.

Las propuestas de Girard han sobrepasado el mundo universitario y han tenido gran peso en el mundo económico, tecnológico y publicitario. Entre sus discípulos que se mueven fuera de la academia el más célebre es Peter Thiel, pope del Valle del Silicio, cuyo libro De cero a uno transpira deuda intelectual con su maestro, si bien este no aparece explícitamente en sus páginas.

14.7.24

La extraña muerte del marxismo, de Paul Edward Gottfried

Paul Edward Gottfried (n. 1941) es uno de los principales referentes académicos del paleoconservadurismo o conservadurismo nacional estadounidense. De origen judío e hijo de un refugiado húngaro, se formó en Yale, donde su director de tesis doctoral fue nada menos que Herbert Marcuse, el autor de cabecera de los movimientos contraculturales de los años sesenta. Aunque desconocemos en detalle su biografía, por lo que él mismo sugiere, fue marxista en su juventud. No podemos afirmar que ya no lo sea. Es anticomunista y nacionalista estadounidense, pero su enfoque es compatible, en lo metodológico, con el materialismo filosófico.

Al menos, esto es lo que podemos concluir de su único libro traducido al español y el único que hemos leído: La extraña muerte del marxismo. La izquierda europea en el nuevo milenio. Publicado originalmente en 2005 y traducido al español en 2007, aunque descatalogado, es posible encontrarlo en formato PDF. Se trata de un texto que habría requerido una mayor elaboración; se nota que está poco trabajado, pero se lee con facilidad y resulta muy sugerente.

7.7.24

La religión gnóstica, de Hans Jonas

 
Hans Jonas fue un filósofo alemán que nació en 1903 en el seno de una familia judía. Tuvo que exiliarse en Estados Unidos con el ascenso del nacionalsocialismo; allí falleció en 1993. Su biografía vadeó por las tempestades del siglo XX y su obra da razón de ello. Muy influido por la filosofía existencialista y fenomenológica, exploró temas como la vida, la libertad y la responsabilidad.

De joven tuvo como maestro a Martin Heidegger, y como es de rigor, su maduración filosófica se supone que vendría pensando contra él, pero nunca consiguió matar del todo al padre y su prosa es a menudo tan farragosa, vacía y críptica como la del viejo nazi. Aunque las propuestas de Jonas son infinitamente más interesantes y, por ejemplo, El principio de responsabilidad, su obra más reconocida, tiene bajo su hojarasca heideggeriana un gran nutriente ético.

El libro de Jonas que nos ocupa ahora es, sin embargo, La religión gnóstica. El mensaje del Dios Extraño y los comienzos del cristianismo. Aquí analiza, con una erudición insultante, las creencias gnósticas, sus orígenes históricos y su impacto en el pensamiento religioso y filosófico, especialmente en relación con el helenismo y el cristianismo primitivo, imperantes en la época.

30.6.24

Breviario de escolios, de Nicolás Gómez Dávila

Hay escritores amables, accesibles, que son una lectura fácil para el metro o la sala de espera del dentista. Los leemos con gozo y nos distraen, pero raramente volvemos a ellos; no nos han conmovido realmente ni han dejado una huella en nosotros. Una vez que cumplen su misión, la de entretenernos, los dejamos en la estantería y sabemos que no nos acompañarán en la próxima mudanza. Por supuesto, también tiene mérito escribir libros así, de los que llegan a todo el mundo, y muchas veces resultan más interesantes que otros, los que vienen reverenciados por la crítica como alta literatura u hondísimos ensayos transgresores, y que en realidad son plomizos y lo único que hacen es matar la afición por la lectura.

Entremedias, hay un tipo de autores inteligentes que necesitan un tiempo de maduración; requieren un leve esfuerzo lector que se recompensa con creces. Y cuando su obra es extensa y podemos dedicarle largo tiempo, se convierten poco a poco en compañeros de viaje con los que conversamos y con los que crecemos.

23.6.24

La Bestia Colmena, de Pablo Und Destruktion


El músico Pablo Und Destruktion seguramente luce un nombre más celtíbero en su pasaporte, pero prefiere presentarse bajo un rótulo que suena a grito de guerra de húsar prusiano, y como no estamos aquí para incordiar a nadie, así se queda. Realmente no nos importa cómo se llame en realidad. Sabemos que nació en Asturias, algo que no es muy meritorio porque lo hemos hecho muchos. Sin embargo, él sigue allí y no se ha mudado a Madrid, lo que tiene su aquel, porque no han sido tantos los que, sin tener un oportuno primo en la administración local, optaron por permanecer donde ya solo se escuchan las toses carbónicas de nuestros mayores. Por su aspecto y lo que cuenta, debió de nacer entre mediados de los años setenta y principios de los ochenta. Es decir, conoció los ecos de tiempos más prósperos de la región, y esos ecos electrifican sus canciones.

En caso de que tenga una fanaticada particularmente intensa, avisamos de que no sabemos gran cosa de su faceta como músico. Hemos escuchado algunas de sus letras y nos parecen buenas, o sobre todo distintas. Poco más sabemos. No somos melómanos y no distinguimos a Mozart de MC Hammer. Ante la molestia de un hilo musical, ponemos el salvapantallas mental y punto. Si no hablamos de esta faceta de su vida, o lo hacemos incorrectamente, lo sentimos, pero nos la trae al pairo.

9.6.24

Manifiesto Conspiracionista

No nos engañemos. Ningún libro verdaderamente subversivo podría tener una distribución editorial corriente, mucho menos figurar en la sección de novedades de la Fnac. Así que contengamos nuestro furor revolucionario; la Matrix no comete errores, o al menos no errores tan burdos. Asumimos que el Manifiesto Conspiracionista no puede ser realmente tan desestabilizador como pretende.

O tal vez la Matrix esté lejos de temer a minorías hiperintelectualizadas que sueñan con dinamita, y hasta le divierta jugar con este tipo de muchachada desubicada. A saber. Desde luego, este libro irritará a quienes militan en las narrativas del Poder y aplauden los memes gubernamentales. Y eso, de momento, ya es suficiente.

El autor, o autores, de este Manifiesto es desconocido. En España lo publica Pepitas de Calabaza, y en la solapa no se atribuye su redacción a nadie. Sin embargo, por el estilo y el contenido, parece otro texto de Tiqqun, o de alguna de sus variantes o antiguos miembros. Ellos lo niegan, pero no sabemos si lo hacen por cuestiones tácticas. De cualquier manera, si la autoría no se debiera en efecto a este grupo anarquista francés, está claro que sus perpetradores contaban con hacerse pasar por ellos. Nosotros hablaremos de los "autores del texto", sin más especificaciones ni disquisiciones.

2.6.24

El taller de la filosofía, de Jaime Nubiola


Jaime Nubiola es profesor de Filosofía del Lenguaje y Metodología Filosófica en la Universidad de Navarra. También es promotor del grupo que estudia la obra de Charles S. Peirce. Ha escrito varios libros e innumerables artículos sobre lógica y filosofía analítica. Pero, para alivio del lector poco avezado en tales disciplinas, que podría ver con prevención el libro de un filósofo con esos intereses intelectuales, El taller de la filosofía. Una introducción a la escritura filosófica es una lectura grata y pedagógica.

Nubiola advierte en la introducción que su libro se asemeja más a un manual de autoayuda que a un sesudo tratado de metodología. Mantiene un tono cordial con sus lectores en todo momento y, más que intentar impresionar a sus colegas filósofos con jerga académica y razonamientos obtusos, se nota que ha tenido en mente a sus jóvenes alumnos al redactarlo. Busca ser para ellos un guía iluminador en las lides de la escritura filosófica.

El taller de la filosofía se compone de cuatro partes de similar extensión, que pueden leerse por separado o consultarse puntualmente cuando se requieran sugerencias específicas. Aunque está destinado principalmente a estudiantes de filosofía o interesados en la materia, en realidad puede ser un manual útil para cualquier lector que desee escribir en el ámbito de las humanidades.

26.5.24

Una ficción: Última tarde en el Club Cazador


wikimedia
Max Argote subió una vez más al pequeño montículo que reinaba sobre la ladera oeste del antiguo Club Cazador. Como siempre hacía en aquella soledad, respiró hondo y dejó que el olor a pinaza y humedad serpenteara por sus pulmones. Con los ojos cerrados, muy sereno, evocó los años gloriosos del Club, cuando él y los otros emprendedores se bebían sus triunfos y brindaban por un futuro todavía más promisorio.

Regresó al edificio principal despacio, casi renqueante, como si realmente no quisiera llegar. Pasó al lado de la piscina, donde tanto se había divertido, y lamentó verla sin agua, repleta de sillas arrojadas por el viento y cubierta de hojas otoñales que ya formaban una viscosa capa marrón. Luego vio las estructuras para barbacoas que él mismo había financiado, ya sin las placas metálicas que seguramente algún expoliador había robado, y rememoró aquellas cenas informales e interminables con gente luminosa y prometedora.

19.5.24

La cuestión de la técnica en Ortega y Gasset


Uno de los grandes misterios de la filosofía es el orden de sus prestigios. ¿Qué hace que determinados filósofos sean reverenciados como oráculos modernos y se les cite hasta la saturación, mientras que otros de mayor mérito son arrojados al averno del olvido?

Sabemos que hay una dependencia de la geografía hasta niveles obscenos y que un galimatías manchando un papel se considerará un hito del pensamiento si viene escrito en alemán o francés, mientras que obras innovadoras y bien estructuradas pasarán desapercibidas si fueron escritas en idiomas con menor celebridad filosófica. La política juega claramente un papel principal, y el respaldo de estados fuertes explica sin duda la prevalencia de determinados autores. También está la importancia de la industria editorial, que es lo mismo que decir el peso económico del país donde publica un autor. Pero, sobre todo, como factor definitivo, encontramos las inercias intelectuales, es decir, la cobardía constitutiva de los académicos que hace que se regurgiten sin fin aparente a tres o cuatro autores con los que se sienten seguros, en lugar de desafiar los prejuicios de su casta y ampliar su horizonte intelectual con nuevos pensadores que presenten enfoques novedosos.

12.5.24

Signo de los tiempos, de Iñaki Domínguez

Iñaki Domínguez ha hecho algo a contracorriente. Su exitoso libro de debut, Sociología del moderneo, está escrito con frescura y presenta tesis originales sobre las vigencias sociales en la España contemporánea. Es un texto de esos que se llaman “fuente primaria”, es decir, una obra sobre la que se harán estudios y que se incluirá en pomposas bibliografías, ya que muestra puntos de vista innovadores en fondo y forma. Toda una gesta. Es algo a contracorriente, decimos, porque este tipo de libros suelen aparecer al final de una vida dedicada al estudio, no como carta de presentación en la ciudad letrada cuando apenas le está saliendo a uno el bigote de académico.

También es raro que el segundo libro sea totalmente opuesto al anterior, es decir, divulgativo, militantemente “fuente secundaria” y de estructura clásica. Signo de los tiempos (así, sin determinante, hasta en eso es anglosajón) está compuesto por dieciséis breves ensayos sobre “visionarios, locos y criminales del siglo XX”, como reza el subtítulo. La mayoría de los personajes son norteamericanos, ninguno español, y el interés y extensión de los textos son desiguales. Ideal como enciclopedia para consultar información biográfica sobre figuras como Charles Manson o Phil Spector, no aporta gran cosa como conjunto.

28.4.24

Discurso de los métodos de la filosofía y la fenomenología realista, de Josef Seifert


Un método que se devora a sí mismo
Con la obra de René Girard aprendemos muchas cosas. Una de ellas es que la ciencia política es un tanto superficial, porque antes de la política está lo prepolítico, que es lo verdaderamente decisivo. Por ello, no tenemos tanto que enfrascarnos en estomagantes debates sobre liberalismo o socialdemocracia, monarquía o república, sino remitirnos a los mecanismos sociales previos a toda formulación teórica y definir qué mueve a los hombres a comportarse de una manera determinada. Elaborar una sesuda argumentación en defensa de un sistema político sin nociones prepolíticas previas sería, dicho en plan mundano, construir la casa por el tejado.

Nosotros creemos que con la filosofía pasa lo mismo: antes de la filosofía está la prefilosofía. Es importante discernir si una propuesta filosófica es acertada o no, aunque, en una disciplina no falsable como ésta, a menudo la conclusión depende más de la capacidad retórica del ponente o de la decisión de quien tenga mando en plaza. Pero también tenemos que ir más allá y entender qué motiva a un filósofo, por qué surge una filosofía en un momento y lugar determinado, qué mecanismos miméticos—en sentido girardiano—hacen que los filósofos acaten una filosofía y no otra tal vez más elaborada, y qué estructuras del poder político, académico o editorial privilegian unas filosofías y opacan otras igualmente sugestivas.

21.4.24

La luz que se apaga, de Ivan Krastev y Stephen Holmes


Francis Fukuyama publicó El fin de la historia y el último hombre en 1992, y vapulearle por ello se convirtió en una expresión de decoro intelectual. Hoy, sin embargo, lo vemos como un libro brillante que encapsuló su tiempo en conceptos, tal como lo exigía Hegel. Que ahora sus planteamientos hagan aguas por todas partes, lejos de ser motivo de regocijo, provoca zozobra y nos demuestra que vivimos en tiempos inquietantes, pues no olvidemos que Fukuyama era esperanzador y veía a la democracia liberal como definitivamente triunfante tras el colapso de la URSS. De hecho, otro libro de por aquél entonces —más beligerante y mucho menos optimista— parece haber profetizado con mayor tino El choque de civilizaciones de Samuel Huntington.

Ambos libros aparecen profusamente referenciados en La luz que se apaga, obra escrita a cuatro manos por el búlgaro Ivan Krastev y el estadounidense Stephen Holmes, que ostenta el sugestivo subtítulo “Cómo Occidente ganó la Guerra Fría pero perdió la paz”. Su ámbito de estudio se encuadra dentro de la cada vez más extensa bibliografía sobre el post-liberalismo, al que parece que estamos inevitablemente abocados, y que en la academia anglosajona ya se ha convertido en el principal tema de preocupación de la filosofía política.

14.4.24

Identidad. La demanda de dignidad y las políticas del resentimiento, de Francis Fukuyama


Hace un par de años apareció en la editorial Deusto Identidad. La demanda de dignidad y las políticas del resentimiento de Francis Fukuyama. Este libro es, en realidad, una breve revisión de una de las partes más interesantes de una obra anterior, más densa y conocida, El fin de la Historia y el último hombre (1992), obra que, desde su publicación, fue injustamente vapuleada —como explica el propio autor en la introducción de Identidad— porque nadie se tomó la molestia de leer más allá del título.

Da un poco de vergüenza tener que explicar hoy a sus críticos que, cuando Fukuyama hablaba del fin de la historia, no quería decir, evidentemente, que tras el derrumbe de la Unión Soviética dejaran de ocurrir hechos, sino que la “Historia” —así con mayúsculas, en sentido hegeliano—, entendida como el conjunto de grandes combates dialécticos, catálogos de ideologías y fases del desarrollo humano, había llegado a su fin, puesto que la democracia liberal se había consolidado como el único sistema legítimo para Occidente. Su error —que él mismo reconoce— fue creer que la democracia liberal no tenía marcha atrás y que la globalización acabaría democratizando a todos los países, cuando es evidente que nada de esto tiene por qué ser así.

7.4.24

El mundo interior del capital. Para una filosofía de la globalización, de Peter Sloterdijk

Peter Sloterdijk (1947) es un filósofo alemán leído y afamado, tal vez uno de los más célebres de la actualidad. Adquirió cierta resonancia mediática a raíz de su polémica con Jürgen Habermas sobre el tema de la selección genética entre humanos. Sloterdijk era partidario de suavizar el piloto automático con el que en Europa se rechaza sistemáticamente todo lo que pueda asemejarse a los postulados eugenésicos y defendió la intervención científica para originar nuevos seres humanos sin enfermedades ni taras genéticas. Habermas, un teórico frankfurtiano epígono de cierta moralidad entre ilustrada y marxista, se oponía a ello con ahínco.

Su gran obra, sin embargo, es su serie de las Esferas, que desde luego no es una lectura para profanos. Se trata nada menos que de un intento por repensar filosóficamente el mundo actual.

Sloterdijk es un autor refractario a ser sintetizado en alguna frase o fórmula. Es creador habitual de nuevos términos y muy alegórico, casi críptico como un oráculo. Por supuesto, cuando finalmente conseguimos destilar algo de lo que ha expuesto, nos damos cuenta de que podría haberlo dicho más claramente porque tampoco era gran cosa. Aunque sin esta dificultad añadida a su comprensión, que solo personas con formación académica pueden superar, estos intelectuales europeos perderían el nimbo chic de “consumo ostensible” para burgueses bohemios.

31.3.24

Pedir lo imposible, de Slavoj Žižek

Slavoj Žižek (Liubliana, 1949) es un filósofo carismático. Su particular forma de exponer sus teorías, a veces con chistes o basándose en películas, le ha ayudado a llegar a audiencias más amplias de lo que se espera de un autor de cierta complejidad. Sin embargo, también le ha cerrado las puertas de las salas VIP de la intelectualidad europea. Lo leen personas más o menos cultas, pero citarle no confiere un estatus especial en el selecto mundo de la alta filosofía.

El personaje que representa en los medios de comunicación parece corresponderse con su obra escrita. En las conferencias que imparte, se presenta como un torbellino verborrágico que no parece callarse ni para reponer aliento. Como autor, es de una prolijidad fluvial: ha publicado más de cincuenta libros y cada poco tiempo hay algo nuevo de él en las librerías. Aunque sus textos presentan distintos niveles de dificultad, por lo general sus argumentaciones son caóticas y repetitivas; no es fácil seguirle el hilo ni comprender su sistema. Sin embargo, afortunadamente, el filósofo abunda en ejemplos y opiniones impactantes que agilizan la lectura y la hacen, hasta cierto punto, entretenida.

24.3.24

Reflexiones sobre la cuestión judía, de Jean-Paul Sartre


Lewis Mumford decía que un axioma de la historia es que cada generación se rebela contra sus padres y establece amistades con sus abuelos. En filosofía está claro que, tras los petardos absolutos de los posmodernos, que llevan años obstruyendo la disciplina, nos sentimos necesariamente próximos a Jean-Paul Sartre, la figura paternal contra la que ellos, a su vez, se amotinaron.

Sartre es incómodo porque plantea que las palabras enuncian verdades, que el hombre debe luchar por su liberación y que la sociedad puede y debe transformarse, todo ello en contra del cinismo deconstructivista predominante.

Por supuesto, este filósofo nadaba en miserias morales y su deuda con la fenomenología hace que algunos de sus textos sean ilegibles, pero muchos de sus libros, sobre todo los supuestamente menores, poseen un interés imperecedero.

Reflexiones sobre la cuestión judía, por ejemplo, publicado en 1954, sigue iluminando con su perspicacia. Tras tantas persecuciones a los judíos a lo largo de la historia, Sartre se pregunta por el origen de tanto odio.

17.3.24

La ética del pensamiento, de Michel Foucault

Leer hoy a Michel Foucault (1926-1984) presenta ciertas particularidades. Su influencia ha sido tal que cualquier acercamiento a sus libros nos produce el efecto de una canción cuya melodía ya conocemos. Sin embargo, si prestamos atención, descubrimos que conocíamos la melodía, pero no habíamos escuchado la letra. Un pensador tan importante y citado como él ha sido objeto de un alto grado de fetichización; sus conceptos tienen amplia difusión y, en consecuencia, se han adulterado. Es raro, por ejemplo, encontrar un texto de filosofía política contemporánea donde no se mencionen términos como “biopoder” o “muerte del hombre”, pero eso no significa que se utilicen en el sentido original que les dio Foucault. En algunos casos, como en los de los filósofos Agamben o Negri, se emplean para superarlos en el mejor sentido hegeliano. Otras veces se desvirtúan ligeramente para usarlos con fines epistemológicos, como en la teoría postcolonial. La mayoría de las veces, son simplificados por militantes ajenos a la academia para ser enarbolados como banderas en la revuelta (lo que, por cierto, seguramente habría complacido al filósofo).

10.3.24

Así empieza todo, de Esteban Hernández


Vivimos tiempos en los que la política se ha convertido en un escupidero de bilis. En la esfera pública no hay nada constructivo ni ilusionante, solo insultos y anatemas moralistas. Por eso se agradece encontrar un autor que no pueda encasillarse en ninguna bandería vigente y que, en lugar de escribir con dedo acusador, se limite a analizar con sosiego los problemas actuales.

Esteban Hernández, columnista de El Confidencial, lleva un lustro publicando un libro al año. El último, Así empieza todo. La guerra oculta del siglo XXI, consta de diez capítulos y doscientas cincuenta páginas muy bien escritas, con algunos párrafos cincelados con gran belleza. En él, indaga en los cambios geopolíticos actuales y cómo la pandemia de la COVID-19 no ha hecho más que agudizarlos. También aborda el nuevo orden iliberal en el que estamos inmersos, la rápida transformación de China de país feudal a superpotencia, la irrupción del teletrabajo y la digitalización, los populismos y la nueva cultura mainstream, individualista y cínica.

3.3.24

Aceleracionismo, de VV.AA.

3. 

Estamos en los albores de una nueva era tecnológica y la mayoría de los filósofos se encogen en posición fetal, sollozando que no quieren jugar a un juego que no entienden y del que además no van a ser protagonistas. Hay algunos de ellos sin embargo que se salen del guion y aceptan pensar desde este nuevo marco epistemológico. Son los llamados aceleracionistas, bien presentados en Aceleracionismo, una antología de la editorial Caja Negra que apareció en el 2017. Los mejores ensayos están, a nuestro parecer, al principio del libro, donde figuran los iniciadores del movimiento.


Unos quieren acelerar la desintegración del capitalismo, otros se maravillan con el mundo proteico en el que habitamos. De entre estos últimos destaca Nick Land, que es el primero y más pujante de esta corriente y contra el que piensan todos los demás. En Aceleracionismo encontramos dos textos suyos. “Colapso” y “Crítica del Miserabilismo Trascendental”.

25.2.24

El poder de los sin poder, de Václav Havel

Supongo que la mayoría de nosotros tenemos a las novelas de Milan Kundera como principal referencia de la Checoslovaquia comunista. Más allá de eso, sabemos poco, y ya es un poco tarde para comprobar en persona cómo era la vida allí. Lo que creemos saber es que se trataba de una dictadura que, sin ser del todo criminal ni del todo paupérrima, ejercía un estricto control político sobre las esferas pública y privada. Dicho control se imponía mediante la omnipresencia de la propaganda y el chantaje emocional —el célebre kitsch—, que obligaba a comportarse de una manera determinada tanto en la calle como en el dormitorio. El castigo por desobedecer tanta emocionalidad socialista podía ser la cárcel o el exilio.

Por otro lado, Václav Havel fue el primer presidente democrático del país, pero antes de eso fue un disidente que escribió en la clandestinidad el manifiesto El poder de los sin poder, que se convirtió en el samizdat checoslovaco por excelencia entre aquellos que no sabían o no querían desfilar al compás de las consignas gubernamentales. No es difícil asociarlo con el ambiente que refleja Kundera; podemos imaginar a sus personajes desesperándose en el régimen que denuncia Havel.

18.2.24

Imitación del hombre, de Ferran Toutain


La cosa fue más o menos así. Hace mucho tiempo, unos simpáticos cavernícolas dejaron atrás sus animalitos e imaginaron una red de significados cada vez más amplia y compleja que acabó rigiendo sus vidas.

Es lo que hoy llamaríamos el amanecer de la cultura humana.

Explicar el porqué de este amanecer y de su desarrollo es muy complicado. Durante más de dos milenios, prevalecieron las narraciones helénico-cristianas, pero desde el siglo XIX priman las interpretaciones antropológicas, que todavía hoy intentan darnos una explicación convincente del origen de la cultura. Para ello, suelen tomar un instinto casi al azar y darle prevalencia. Por ejemplo, para los marxistas, todo empezó con el instinto natural de proveerse de medios materiales de subsistencia; la cultura vendría de ahí. Para Freud, lo libidinal sería lo determinante. Nietzsche, por el contrario, defendió que el instinto definitorio es el de dominio sobre los otros, mientras que Cassirer apostó por la tendencia innata hacia lo simbólico.

11.2.24

¿Creen los filósofos laicos en las revelaciones?


wikimedia
José Ortega y Gasset vivió siempre en la “acatolicidad”. En todos sus textos predomina una visión inmanente de la existencia, y los escasos guiños que hace a los creyentes son más de índole política que teológica. Es difícil discutir que su compromiso intelectual fue con el liberalismo laico. Sin embargo, algunos discípulos católicos han intentado, de manera un tanto grotesca, presentar a un Ortega finalmente retornado al seno de la Iglesia. Su gran argumento es que, aparentemente, en su lecho de muerte aceptó la presencia de un sacerdote. Frente a toda una vida conscientemente agnóstica, sostienen que el hecho de que en sus últimos momentos quizá besara una cruz o realizara algún gesto similar impugnaría la laicidad de su corpus teórico y nos obligaría a releer toda su obra bajo el prisma de una religiosidad latente.

Cuando un filósofo se convierte en objeto de culto, casi en una figura mesiánica, sus discípulos incurren en este tipo de despropósitos. Además de provocar vergüenza ajena—allá ellos—, es una aberración epistemológica que, cuando se toma en serio, nos afecta a todos.

4.2.24

Trilogía de la Fundación, de Isaac Asimov

Uno de mis mayores arrepentimientos es no haber leído más ciencia ficción cuando era adolescente. Los afanes de pasar por intelectual limitaron mi existencia desde muy temprano. Como quería parecer profundo, me paseaba con libros de Spinoza, pretendiendo que los entendía, en lugar de disfrutar, como los dioses mandan, de buenas aventuras intergalácticas de serie B.

A mis años intento enmendar el error, más que nada para recomendar libros interesantes a mi prole, pero ya es tarde para mí. Ya no leo en carne viva, sumergiéndome en lo que cuentan las novelas y habitando en esos otros mundos que describen. Ahora lo hago con espíritu crítico, buscando significados y alegorías en las historias. He perdido la capacidad de emocionarme, aunque he ganado la posibilidad de comprender serenamente lo inteligentes y enriquecedoras que son muchas novelas que antes ninguneaba.

Por ejemplo, hace años hubiera preferido zambullirme en estiércol antes que ser visto en público con algo de Isaac Asimov bajo el brazo. Una pena, ya que la serie Fundación me parece una pequeña joya que los pedantes como (fui) yo se pierden.