24.9.23

Enrique Ocaña, dolor y filosofía


En los años noventa, un joven filósofo valenciano llamado Enrique Ocaña (n. 1965) llamó la atención con sus primeros libros. El Dionisios moderno y la farmacia utópica era una excelente investigación sobre la relación de varios escritores con las drogas. Más allá del nihilismo y Duelo e historia fueron dos aproximaciones a la obra de Ernst Jünger; el primero correcto y didáctico, mientras que el segundo, de gran belleza y profundidad, sigue siendo una de mis lecturas de cabecera. El último libro que presentó fue Sobre el dolor, que se supone es su gran obra, pero que a mí me parece, sin embargo, el típico mamotreto de aspirante a genio filosófico, plagado de citas y una enésima reinterpretación de los clásicos desde una supuesta perspectiva innovadora.

Lo curioso es que, cuando parecía que Ocaña iba lanzado hacia la celebridad académica, dejó de publicar y desapareció del radar. Solo en 2018 apareció Confesiones de un filósofo desaparecido en combate, un título que no puede ser más expresivo. En él, Ocaña relata sus experiencias como “filósofo politoxicómano y bipolar”, sus periplos por los bajos fondos y sus frecuentes internamientos en psiquiátricos. Este libro, que incluye la reproducción de sus diagnósticos médicos, a veces parece más una guía turística de los lugares en Valencia que uno debería evitar si quiere conservar la salud. Está escrito en forma de un diálogo consigo mismo, con interpelaciones del “interlocutor más cruel”, según la expresión de Elías Canetti, un autor clave para Ocaña.

17.9.23

Panfleto para seguir viviendo

Panfleto para seguir viviendo, de Fernando Díaz, que ahora felizmente se reedita, es el libro definitivo sobre la juventud del extrarradio madrileño de nuestros días. Se publicó por primera vez en 2007, con un texto en la solapa izquierda, donde suelen glosar la obra y milagros del autor, que se limitaba a decir: "Fernando Díaz nació en Madrid en 1979 y forma parte de una organización revolucionaria". La leyenda es que el autor ni siquiera conoció a su editora, que recibió el manuscrito y lo publicó sin siquiera un apretón de manos. Díaz insiste en el texto en que no quiere convertirse en escritor profesional. También afirma que lo que cuenta es, en verdad, su vida; si es así, estamos ante uno de los libros más importantes de las últimas décadas. Si hay algo de truco detrás, si su autor es, por ejemplo, un postgrado en literatura comparada capaz de impostar voces, sigo considerándolo importantísimo, pero ya sin voz eufórica ni exclamaciones.

Amo especialmente este libro también por cómo llegó a mi vida. En la Luis Ángel Arango, la biblioteca más grande de Bogotá, de vez en cuando hacen saldos de libros a precios irrisorios. Un día había cajas y cajas con docenas de ejemplares del Panfleto a 2000 pesos – al cambio, no llega ni a 1 euro – y pensé que el título era atractivo y que, por ese precio, me arriesgaba. Muchos estudiantes y viandantes pensaron lo mismo, supongo, porque se vendía bien.

10.9.23

Astropolítica

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Nosotros nunca caminaremos sobre la superficie de Marte. Será muy difícil que lleguemos a ver la normalización de los viajes interplanetarios o el asentamiento de colonias espaciales. Nuestra generación no cruzará esa frontera. Pero los niños que juegan hoy en el parque de nuestro barrio todavía están a tiempo. Los que alcancen la madurez a mediados de este siglo podrán visitar otros planetas o incluso vivir allí. Depende de nuestra generación prepararles el camino.

Puede que no sea mucho, pero tampoco es nada; conmueve imaginarlo: nuestros hijos o nietos, cuando sean adultos, en algún momento de descanso o introspección, ante un horizonte rojo y cubierto de estrellas, verán surgir mansamente un planeta azul al que un día llamaron hogar, y pensarán en lo mucho que les gustaría que pudiéramos estar allí con ellos en ese momento.

3.9.23

Biopoder y depilación


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El Biopoder está disponible en cremas, píldoras y aerosoles.
Tiqqun

En Asfixia de Chuck Palahniuk hay un momento en que una mujer sale corriendo desnuda, y al describir su vagina totalmente depilada, el narrador sugiere que le recuerda “una ranura por la que pasar la tarjeta de crédito”. No es baladí la metáfora económico-consumista. Caitlin Moran, en Cómo ser mujer, abomina de las modas rasuratorias. Cuando hace cuentas de lo que hay que gastarse en cremas y otras vainas, afirma que “por fin han conseguido que las mujeres tengamos que pagar por tener coño”. Luego se pone a recordar cómo empezó todo, y explica que fue muy rápido: en los años noventa lo normal era la peludez, pero con el nuevo siglo, en poco más de un año, ir completamente lampiña se convirtió en un imperativo social. Un contagio mimético genital.