13.8.23

H.P Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida, de Michel Houellebecq


Existen libros que abren nuevos caminos. No es necesario que se trate de publicaciones ruidosas y grandilocuentes; también pueden ser pequeñas insolencias intelectuales que surgen de manera inesperada y, sin hacer mucho alarde, logran reunir a seguidores con el paso del tiempo.


H.P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida, de Michel Houellebecq, es un claro ejemplo de esto.


Es probable que pocos lectores del novelista francés hayan prestado atención a esta obra aparentemente secundaria, y es dudoso que figure entre los títulos más vendidos de su catálogo. No obstante, en los círculos intelectuales contemporáneos, esta obra goza de una gran relevancia. La consagración de Lovecraft como referente del realismo especulativo debe mucho a este texto.


Para esta corriente filosófica, que se caracteriza por su nihilismo y pesimismo, la tarea consiste en intentar comprender el cosmos sin recurrir a las redes de significados que el ser humano ha construido. Es decir, enfrentarse a lo real de manera cruda, sin los relatos tranquilizadores que nos contamos para mitigar el miedo existencial que surge al ser conscientes de nuestra finitud y contingencia en el universo.


Los monstruos lovecraftianos, que habitan los márgenes de la civilización y cuya naturaleza es indescriptible e irracional, funcionan como metáforas de lo que intentan transmitir estos filósofos. En términos sencillos, argumentan que, en el momento en que nos alejamos de nuestros espacios seguros, el caos de lo real —el noúmeno kantiano— se convierte en una entidad grotesca con tentáculos dispuestos a devorarnos.


No conocemos con suficiente profundidad a Lovecraft para evaluar en qué medida es un escritor de la magnitud que se nos ha indicado, pero parece evidente que fueron autores posteriores los que lo elevaron a la categoría de un viajero que, tras su travesía por dimensiones incognoscibles, regresa cubierto de rasguños.


De hecho, Houellebecq equipara en este libro a Lovecraft con Homero y los cantares de gesta, como creador de mitos. Esta afirmación, a su vez, genera la creación de otro mito: el mito de Lovecraft como creador de mitos, el cual ha perdurado más allá de su prestigio literario. No se busca rehabilitar al escritor, quien podría considerarse algo desfasado en algunos aspectos, sino resaltar al visionario capaz de crear historias en las que el horror acontece sin explicación ni consuelo, pues este mundo, en su crudeza, es un lugar hostil que no nos acoge.


H.P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida está excelentemente escrito y no es necesario haber leído nada de Lovecraft para disfrutar de él. En estas páginas, lo que se celebra es el surgimiento de un nuevo subgénero: el “horror cósmico”. Es un Houellebecq en su mejor forma, con sus sentencias cáusticas y sus opiniones incisivas. Cada página del libro ofrece una reflexión relevante; es, en definitiva, un texto inolvidable y profundo.


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