Juan José Sebreli falleció a principios de este mes. Al enterarme, me lancé a releer su autobiografía, El tiempo de una vida, publicada en 2005.
No es un libro solo apto para quienes lo veneramos como pensador. De hecho, hay poca divagación filosófica. Es, más bien, la historia de una vida, un tiempo y un país, además de estar magníficamente escrito. Sebreli comienza narrando su infancia en Buenos Aires, en una familia hispano-italiana de inmigrantes, pero sin poetizar el tema. Como buen sartriano, rechaza la idea de los orígenes y se niega a considerarse parte de una genealogía. Luego, habla de su adolescencia y del descubrimiento de su homosexualidad, de sus años de formación existencialista y del nacimiento de su conciencia política: primero como peronista, luego —y definitivamente— como enemigo de cualquier forma de populismo.
Entre sus amistades destacan Carlos Correas y Óscar Masotta (este último, por cierto, fue el responsable del desembarco de la plaga lacaniana en España). Más adelante, narra su papel en la creación del Frente de Liberación Homosexual y las dificultades de sobrevivir bajo las sucesivas dictaduras argentinas. Sobre todo, describe su constante extrañamiento dentro del ambiente cultural porteño, tan inclinado hacia el irracionalismo, y reivindica su propio enraizamiento en la tradición filosófica europea de los años cincuenta, con Sartre como padre intelectual y Hegel y Marx como principales referentes históricos.
Habla poco de su propia obra, escrita precisamente contra todo lo que vino después de Sartre: el estructuralismo, la lingüística, el psicoanálisis lacaniano, el neoheideggerianismo… Por modestia, solo menciona sus primeras publicaciones y lo hace únicamente en función de su relevancia autobiográfica.
Su escasa resonancia en el mundo cultureta madrileño no debe confundir a nadie. Es cierto que algunos de sus libros, centrados en la política e historia argentinas, pueden ser difíciles de seguir para el lector foráneo (como me ocurrió con Crítica de las ideas políticas argentinas). Sin embargo, otros son accesibles y de una calidad extraordinaria. Sebreli era sudamericano y liberal, lo que lo limitaba doblemente en el mercado filosófico, donde esas impertinencias se pagan caro, pero fue un autor excepcional que merece mucha más atención de la que ha recibido.
Su muerte es una gran pérdida.
De los libros suyos que se pueden conseguir con cierta facilidad en España, la trilogía El asedio a la modernidad, Las aventuras de la vanguardia y El olvido de la razón (que puede complementarse con Dios en el laberinto) constituye una barricada contra el pensamiento irracionalista y antimoderno, hegemónico desde hace décadas. Son manuales imprescindibles para quienes defendemos la democracia liberal y las libertades individuales frente a los populismos identitarios.
Por otro lado, Comediantes y mártires, aunque se centra en la desmitificación de iconos argentinos (Che, Maradona, Gardel y Evita), resulta accesible y recomendable para cualquier lector, ya que su intención es desmontar las leyendas nacionales en general.
El riesgo de pensar y Escritos sobre escritos, ciudades bajo ciudades recopilan artículos y ensayos breves. Sin embargo, no aseguraría que han envejecido bien, y además son prácticamente inencontrables.
El vacilar de las cosas es un magnífico texto introductorio al marxismo hegeliano. No circuló en España, aunque puede encontrarse en PDF en internet. Lo mismo ocurre con El malestar en la política, aunque este último es menos brillante.
Y, para quienes odiamos en silencio el embrutecimiento de las masas, La era del fútbol es el estudio definitivo sobre el fenómeno y también está disponible en PDF.
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