29.9.24

Sigmaringa contra Savater

wikimedia
Zizek dice en Acontecimiento que la filosofía de hoy se parece a los últimos funcionarios de Vichy refugiados en el castillo de Sigmaringa, al sur de Alemania, poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Completamente derrotados e ignorados por todo el mundo, estos burócratas se dedicaban a escribir compulsivamente proclamas y decretos administrativos, suponiendo que tantos papelajos les iban a devolver un poder que ya habían perdido definitivamente. Zizek sostiene que los filósofos también actúan de esa manera: publican y publican teorías irrelevantes que a nadie le importan y pretenden así mantener una autoridad en la que ya solo creen ellos mismos.

Podríamos hablar, por ello, de "Filosofía Sigmaringa": una filosofía inútil, espectral, sin audiencia, autofágica, que además se cree importante; una filosofía que pretende reflejar la realidad en sus juegos lingüísticos cuando esta ya está muy por delante y mejor analizada por otras disciplinas.

La Filosofía Sigmaringa –un nombre oportunamente alemán, plúmbeo y hasta algo ridículo, como la filosofía idealista– desecha a los pensadores que llegan al gran público y que, por ello, tienen influencia social. Prefiere ser un teatro chinesco en su castillo y reinar sobre sus pocos acólitos en lugar de alcanzar audiencias más generalistas.

Fernando Savater es un paradigma de autor denostado por esta filosofía. Nunca le perdonarán que venda libros y que se entienda lo que escribe. Por otro lado, él mismo afirmó desde el principio que no quería saber nada de academias prestigiadoras, como deja claro en La filosofía tachada, una de sus primeras obras, donde señala las vergüenzas de la filosofía institucional. Tristemente, esta obra podría publicarse hoy sin necesidad de alterar ni una coma: todo sigue igual de mal.

El ninguneo a Savater es tal que no existen estudios extensos y rigurosos sobre su pensamiento. Muchos de sus libros están descatalogados. No hay proyectado ningún curso de verano ni nada parecido para empezar a clarificar su legado, sobre todo cuando él asegura que ya no va a escribir más.

Lo que sí hay son tesis doctorales. Entre las aficiones extrañas de este servidor de ustedes –y que les recomienda– está la búsqueda de tesis doctorales en PDF sobre temas interesantes. Las hay de casi todos los temas y se aprende mucho. De Savater, que yo sepa, hay tres descargables, pero solo es excelente la de Marta Nogueroles: La trayectoria intelectual de Fernando Savater: el pensamiento crítico de un “joven filósofo”.

Nogueroles repasa toda la obra filosófica de Savater y la divide en tres fases:

  1. Período hipercrítico de los años setenta.

  2. Ética trágica y compromiso democrático en los años ochenta.

  3. Humanismo ilustrado en los años noventa.

Las tres etapas tienen gran interés. La primera es irreverente y libertaria; el Savater joven carga viperino contra todo y todos. No parece que hoy esté especialmente orgulloso de esos libros, y salvo el primero, Nihilismo y acción, ya no se reeditan. Sin embargo, Para la anarquía, Apología del sofista y Panfleto contra el todo se leen con gozo. Hoy se encuadrarían en el "anarquismo postizquierda", ya que son antimarxistas y anticolectivistas. Savater predica sanos egoísmos libres en lugar de revoluciones y banderas rojas.

La segunda etapa coincide con su acercamiento al PSOE y su pretensión, como más o menos reconoce, de ser un poco el "intelectual orgánico" del partido y, de alguna manera, el filósofo oficial de la democracia. El 23-F le había alejado de las chanzas juveniles. Leído hoy, en tiempos de populismo y victimismo patologizante, su visión de la democracia como pluralidad y de la ética como tarea heroica de individualidades fuertes que toman las riendas de su vida resulta casi incendiaria. Además, los libros de esta época no son lecturas fáciles, pero tampoco imposibles. Se nota que Savater quiere llegar a un lector generalista. La tarea del héroe, Invitación a la ética, El contenido de la felicidad y Ética como amor propio son de esta época y todos son recomendables.

La tercera etapa es la del alejamiento gradual de los socialistas y su valiente militancia antiterrorista. Su oposición a los nacionalismos identitarios en nombre de Voltaire y el humanismo se plasma en Humanismo impenitente, Contra las patrias, Diccionario de filosofía, entre otros. En esta época se le puede considerar el filósofo del unitarismo nacional, pero tampoco parece haber cuajado en este papel. El nacionalismo es demasiado poderoso en sus territorios, y sus engranajes con el Estado no dejan espacio para convertir a Savater en el gran intelectual-árbitro moral del país.

Ermua fue el trágico inicio de una sociedad civil que se organizaba. Aquello podría haber evolucionado hacia cierta hegemonía cultural resumida en el motto de Eugenio Trías: "España significa libertad". Pero, claro, hubiera hecho falta otro tipo de liderazgos políticos. Savater y los intelectuales que se movilizaron con él podrían haber asumido el papel de líderes de una nueva sociedad española, pero claramente no hubo interés en las élites políticas de seguir por ese camino.

Savater es carismático y un buen orador. En general, cae bien y tiene un pasado heroico como demócrata amenazado. Su obra tiene clara vocación pública y se nota que quiso tener peso intelectual en la sociedad. En Francia sería un icono nacional; aquí solo lo fue por breve tiempo y únicamente para parte del país. Pero sigue teniendo bastante potencial, y si hubiera vida inteligente en eso que se ha venido a llamar el "constitucionalismo", utilizarían a discreción muchos de sus textos e ideas.

En cuanto a sus habilidades como filósofo, nadie se toma menos en serio que él mismo. Se le acusa desde Sigmaringa de ser poco profundo o de no tener proyección académica. Eso es porque no publica en las típicas revistas postestructuralistas o analíticas que no lee ni el tato. Sin embargo, desde la asociación de profesores de México le pidieron el manual de El valor de educar, y millones de hispanohablantes hemos crecido con sus libros.

Dentro de diez años sabemos con certeza que nadie recordará a los popes españoles de Sigmaringa (no daremos nombres porque todos sabemos quiénes son). Sin embargo, los libros de Savater seguirán siendo leídos, pese a quien pese.

No hay comentarios: