8.10.23

Idea de Nietzsche, de Fernando Savater

El Fernando Savater joven, el que escribía en los años de la Transición, era probablemente menos sabio que el de ahora, que ya peina canas, pero, desde luego, resultaba mucho más divertido. Algunos de sus libros de esa época, como Panfleto contra el Todo, Para la anarquía, Nihilismo y acción o La filosofía como anhelo de la revolución, casi no se han reeditado desde entonces, pero siguen manteniendo su vigor inicial.


Aquella era una época constituyente, en la que cada día se abolía una antigua restricción y todavía no se había impuesto un nuevo relato hegemónico sobre la sociedad. Todo estaba abierto; reinaba la autonomía individual. (No por mucho tiempo, claro. Savater mismo anunciaría, con cierta desapegada solemnidad, ya en los años ochenta, que se unía a las tropas de asalto cultural del felipismo, acatando así lo que se convertiría en el relato dominante).


El panorama filosófico español de los años setenta no era especialmente atractivo. Era un suplicio repartido entre marxistas y analíticos. En 1972, sin embargo, apareció En favor de Nietzsche, una obra colectiva a la que nuestro autor contribuyó con sus “Cincuenta palabras de Friedrich Nietzsche”, una especie de diccionario de términos del pensador alemán.


Parece atisbarse entonces una nueva corriente de jóvenes pensadores iracundos (como Trías, Echeverría, entre otros), que se nutrían de Nietzsche y que venían a romper con la esclerosis reinante. Lamentablemente, no fueron muy persistentes y, como hizo el propio Savater, se cansaron de gritar contra el Todo y prefirieron tumbarse tranquilos en los sofás de sus casas. De cualquier manera, como consuelo, nos quedan los textos de aquellos años para la historia de la filosofía española.


En el caso de Savater, la influencia nietzscheana es evidente. Ese risueño libertario que era entonces, y que de alguna manera sigue siendo, no se entiende sin las lecturas de Nietzsche que se hacían en las taifas intelectuales patrias. El alemán está presente en el fondo de sus primeros libros. Con veintipocos años, escribió una monografía que reelaboró varias veces y con la que ya no se identifica. Su última versión conocida es Idea de Nietzsche (1995), donde se anexan el citado “Cincuenta palabras” y una conferencia de 1975.


Este libro es de grata lectura y didáctico. Seguramente, los puristas serán capaces de encontrarle muchos puntos débiles y dirán que ahora se conocen mejor los archivos, que si las nuevas traducciones, que si las cartas, que si hay que saber alemán para ser nietzscheano. Pero a nosotros, en el fondo, nos da igual la exactitud de las exégesis, porque lo que realmente nos interesa es su recepción; lo que significó en un momento y lugar concretos (la España de la Transición), su importancia cultural y política. Poco más.


Esto no va de Nietzsche, que nos la trae al pairo, sino de sus lectores y de sus circunstancias. Además, un autor tan contradictorio, aforístico y críptico como el alemán debe usarse necesariamente a discreción. Nunca habrá un Nietzsche definitivo y más acertado que otro. Podemos apropiarnos de él como queramos; ésa es su grandeza. Así que nos quedamos con el de Savater, también para entenderlo mejor a él, ya que su obra, sobre todo la de su primera etapa, como ya hemos dicho, nos cautiva.


En la introducción de Idea de Nietzsche se nos hace una declaración de intenciones. Las claves de su filosofía son dos: era un pensador que quiso radicalizar la Ilustración, pero en ningún caso era antiilustrado, y el énfasis que pone en todo lo que tiene de afirmativo el goce, su vindicación de la alegría.


El resto del libro sigue esa línea. Hay un primer capítulo biográfico, donde su hermana Elisabeth no es, curiosamente, la villana de la historia, y un segundo en el que se habla de las fuentes del pensamiento nietzscheano. Le siguen cuatro capítulos en los que se analizan los cuatro tópicos habituales: la muerte de Dios, la voluntad de poder, el eterno retorno y el superhombre.


El análisis casi al final de La Genealogía de la moral resuena especialmente actual. La moral cristiana sobrevive a su dimensión religiosa para convertirse en un perpetuo lamento biliar contra la alegría de vivir, como una exigencia de cuentas contra cualquiera que se esfuerce por superarse. Savater reutiliza esta teoría del resentimiento para disparar contra la izquierda estoica y sufridora de los años setenta. Sin embargo, hoy podemos entenderla como un diagnóstico de la corrección política y el afán por sentirse ofendido que impera hoy.


Nietzsche entendió el judeo-cristianismo como una manipulación moral de resentidos, siempre recelosos, siempre odiadores de la inmanencia. Solo los héroes son capaces de tomar las riendas de su vida para hacerla mejor, sin quejas. La tarea de seguir su ejemplo es una exigencia ética.


Savater continuará por la senda de este heroísmo en libros posteriores.

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